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Historia del própolis

El própolis (o propóleo) es una resina procedente de las yemas y cortezas de árboles como el álamo, el castaño, el pino, el sauce, el abeto, la encina, el roble o el abedul. Sin embargo, raramente encontramos própolis disponible en estado puro. Más bien lo obtenemos de la colmena, ya que las abejas recolectan esta resina y la enriquecen añadiéndole sustancias como el polen.

 

En la composición del própolis destacan las resinas y bálsamos (50%), la cera (25-35%), aceites esenciales (10%), polen (5%) y otras sustancias como vitaminas (provitamina A y vitamina B3), minerales y oligoelementos (calcio, cromo, cobalto, cobre, estaño, hierro, manganeso, níquel, silicio, estroncio, titanio, y zinc) y flavonoides (acetanina, ácido benzoico, ácido ácido fenólico, quercitina…).

 

Etimológicamente, própolis es una palabra que viene del griego. Pro significa “delante de” y polis, “ciudad”. Se indica así que el propóleo se halla en la entrada y en el interior de la colmena (la polis de las abejas), para protegerla del viento y del frío, de insectos, de microorganismos infecciosos, etc. La colmena quizás sea el lugar más estéril de la naturaleza. Las abejas también utilizan el própolis para sellar o pegar fuertemente partes móviles o rompibles de la colmena para evitar así que ésta se pueda desprender.

 

El própolis, desde las antiguas civilizaciones

Observando los beneficios del própolis en las abejas, a lo largo de la historia los humanos también hemos querido utilizar este material con diferentes finalidades. Los Egipcios empleaban el própolis para embalsamar las momias. En el Papiro de Ebers, uno de los primeros tratados médicos conocidos —redactado en Egipto 1.500 a. C. aproximadamente— ya se habla de las propiedades del propóleo. Los griegos utilizaban el própolis para elaborar perfumes. La importancia del própolis en la Antigua Roma ha quedado reflejada en la mitología: se dice que Júpiter transformó a la bella Melisa en una abeja para que pudiera producir el própolis, una milagrosa sustancia curativa. Ya en la Edad Media, los maestros constructores de violines, como Stradivarius, mezclaban el propóleo junto con lacas y barnices para garantizar una larga duración de estos instrumentos. Lo cierto es que el hombre ha utilizado el própolis desde tiempos inmemorables.

 

[resum]Las abejas utilizan el própolis para proteger la colmena y los humanos, a lo largo de la historia, han usado en própolis para diferentes finalidades.[/resum]

 

Fuentes de información

 

Productos de Plameca con própolis

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